¿Cómo te afecta la artrosis?
Zonas y tipos de Artrosis más frecuentes:
- Artrosis de Rodilla (Gonartrosis): Es una de las patologías más limitantes. El desgaste del cartílago produce un dolor agudo al iniciar la marcha y una gran dificultad para subir o bajar escaleras. En etapas avanzadas, puede provocar una deformidad visible (piernas en «O» o en «X») debido al colapso del compartimento articular.
- Artrosis de Cadera (Coxartrosis): El dolor no siempre se siente en la cadera; a menudo se localiza en la ingle, el muslo o incluso se irradia hacia la rodilla. Esto dificulta tareas cotidianas como cortarse las uñas de los pies, abrocharse los zapatos o entrar y salir de un vehículo con fluidez.
- Artrosis de Columna (Espondiloartrosis): Afecta principalmente a las vértebras cervicales y lumbares. Además de la rigidez, puede provocar el estrechamiento del canal por donde pasan los nervios, causando hormigueos, falta de fuerza en brazos o piernas y un dolor de espalda persistente que no cede con el descanso habitual.
- Artrosis de Mano y Dedos: Se caracteriza por la aparición de pequeños bultos duros (nódulos de Heberden y Bouchard) en las articulaciones de los dedos. Produce una pérdida progresiva de la fuerza de agarre y dificulta gestos tan simples como girar una llave, abrir un bote o escribir.
- Rizartrosis (Artrosis del pulgar): Es un tipo específico de artrosis muy común que afecta a la base del pulgar. Impide realizar el movimiento de «pinza», lo que genera una gran incapacidad funcional en la vida diaria y laboral.
Síntomas que no debes ignorar:
Atrofia muscular secundaria: Como la articulación duele, el paciente tiende a moverla menos, lo que provoca que los músculos de alrededor se debiliten, agravando aún más la inestabilidad y el dolor.
Dolor mecánico progresivo: Es aquel que aparece cuando usas la articulación y desaparece al descansar. Sin embargo, en fases avanzadas, el dolor puede volverse constante, incluso durante la noche.
Rigidez tras el reposo: Esa sensación de «estar oxidado» al levantarte de la cama o después de estar mucho tiempo sentado. Si la articulación tarda más de 30 minutos en «calentarse», es una señal clara de alerta.
Crujidos y chasquidos: Una sensación de roce arenoso o ruidos audibles al mover la articulación, causados por el contacto directo entre las superficies óseas que han perdido su recubrimiento de cartílago.
Inflamación y efusión articular: La articulación puede verse más hinchada de lo normal debido a la acumulación de líquido sinovial (derrame), un intento del cuerpo por lubricar una articulación que ya no funciona bien.
Pérdida de flexibilidad y rango de movimiento: Notar que ya no puedes estirar el brazo por completo, girar el cuello hacia un lado o doblar la rodilla como antes.