18/09/2026

Displasia de cadera en bebés: qué es el clic de cadera y cuándo revisarla

En la primera revisión del recién nacido, el pediatra abre y cierra las piernas del bebé, presiona con suavidad y, a veces, comenta que ha notado un pequeño «clic» en la cadera o que conviene hacer una ecografía. En ese momento la mayoría de los padres se quedan con una duda que da vueltas durante días: ¿le pasa algo grave en la cadera? ¿tendrá que llevar algún aparato? ¿podrá caminar con normalidad?

Close up of a baby's tiny feet resting

La respuesta tranquiliza en la gran mayoría de los casos: la displasia del desarrollo de la cadera se detecta muy pronto y, cuando se coge a tiempo, suele resolverse con tratamientos sencillos. El problema no es la displasia en sí, sino no verla. Por eso los primeros meses son tan importantes. Vamos a explicarte, sin tecnicismos, qué es, por qué aparece, qué señales conviene revisar y cómo se aborda en cada edad.

Qué es la displasia del desarrollo de la cadera

La cadera es una articulación en forma de bola y cavidad: la cabeza del fémur (la bola) tiene que encajar de forma estable dentro del acetábulo (la cavidad de la pelvis). En la displasia del desarrollo de la cadera, ese encaje no es del todo correcto. La cavidad puede ser demasiado poco profunda, la cabeza del fémur puede estar «floja» dentro de ella o, en los casos más marcados, puede llegar a salirse de su sitio (lo que se conoce como luxación).

No es una sola cosa, sino un abanico: desde caderas ligeramente inmaduras que terminan de formarse solas en las primeras semanas, hasta caderas realmente inestables que necesitan tratamiento. Antes se hablaba de «luxación congénita de cadera», pero hoy se prefiere el término «displasia del desarrollo» precisamente porque no siempre está presente al nacer y porque puede ir evolucionando durante los primeros meses de vida.

Por qué aparece y qué bebés conviene vigilar más

No hay una única causa. Influyen la genética, la posición del bebé dentro del útero y el margen de maduración que tiene la articulación al nacer. Hay algunos factores que, sin ser una sentencia, hacen recomendable prestar más atención y, en muchos casos, hacer una ecografía de control aunque el bebé parezca estar perfectamente.

  • Antecedentes familiares de displasia o luxación de cadera en padres o hermanos.
  • Presentación de nalgas durante el embarazo, sobre todo en el último trimestre.
  • Ser niña: es bastante más frecuente en el sexo femenino.
  • Primer embarazo y poco líquido amniótico, que dejan menos espacio de movimiento.
  • Asociación con otras posturas, como el pie zambo o la tortícolis del bebé.

Que tu bebé tenga uno de estos factores no significa que vaya a tener displasia. Significa, simplemente, que merece una revisión más cuidadosa. Y aquí conviene desmontar un mito muy extendido: la displasia de cadera no aparece por la forma de coger al bebé ni por sostenerlo mal. No es culpa de nadie.

Las señales que conviene revisar

En un recién nacido la displasia casi nunca «se ve» a simple vista, y ese es justo el motivo por el que existe el cribado. Aun así, hay signos que los padres pueden observar en casa y que merecen una consulta si aparecen:

  • Asimetría en los pliegues de los muslos o las nalgas: que un lado tenga pliegues distintos del otro.
  • Una pierna que parece más corta que la otra.
  • Limitación para abrir una cadera: al cambiar el pañal, notar que una piernecita se abre menos que la otra o que cuesta más abrirla.
  • Un «clic» o resalte al mover la cadera del bebé.

Cuando el niño empieza a caminar, una displasia que ha pasado desapercibida puede manifestarse de otra forma: cojera, andar «de pato» si afecta a las dos caderas, o caminar de puntillas de un lado. Detectarlo antes de ese momento es mucho más sencillo, y por eso el objetivo siempre es adelantarse.

El clic de cadera: casi nunca es lo que parece

Muchos padres llegan a la consulta asustados por un ruidito o chasquido al mover las piernas del bebé. La mayoría de esos clics son benignos: proceden de tendones o de la propia articulación en movimiento y no indican ningún problema. El clic que preocupa al especialista es el que se acompaña de una sensación de que la cabeza del fémur «entra y sale», y eso lo distingue una exploración con maniobras concretas. Dicho de otro modo: no todo clic es displasia, pero todo clic que preocupe merece que lo valore un profesional.

Cómo se confirma el diagnóstico

El primer paso es la exploración física. El pediatra o el especialista realiza unas maniobras suaves (las conocidas como Ortolani y Barlow) para comprobar si la cadera es estable o si tiende a salirse. Duran unos segundos y no necesitan ninguna preparación previa.

A partir de ahí, la prueba de imagen depende de la edad:

  • Ecografía de cadera: es la prueba de elección en los primeros meses, porque a esa edad el hueso todavía es en gran parte cartílago y no se ve bien en una radiografía. No usa radiación y permite valorar con detalle cómo está formada la articulación. Suele hacerse entre las 4 y las 6 semanas de vida cuando hay factores de riesgo o dudas en la exploración.
  • Radiografía: pasada la primera etapa, cuando el núcleo de la cadera ya se ha osificado, la radiografía aporta la información que la ecografía deja de dar.

Lo importante es entender que el diagnóstico no se hace con una sola pieza, sino combinando la exploración y la prueba adecuada a cada edad. Por eso una valoración por parte de un especialista en ortopedia y traumatología infantil aporta una información que la observación en casa no puede dar.

Qué tratamiento se hace según la edad

Aquí está la buena noticia y el motivo por el que insistimos tanto en la detección precoz: cuanto antes se aborda una displasia, más sencillo es el tratamiento y mejor tiende a evolucionar.

  • Primeros meses: en caderas inestables o luxables, el recurso habitual es un dispositivo blando que mantiene las piernas en la posición correcta para que la articulación termine de formarse, como el arnés de Pavlik. El bebé se mueve y hace vida normal con él, y suele llevarse durante unas semanas con controles periódicos.
  • Bebés algo mayores o casos que no responden al arnés: puede plantearse una reducción con un yeso que mantenga la cadera en su sitio durante un tiempo.
  • Diagnósticos tardíos: cuando la displasia se detecta más tarde o no ha respondido a las medidas anteriores, a veces es necesaria una intervención quirúrgica para colocar y estabilizar la cadera.

Cada caso es distinto y la pauta la decide el especialista tras la exploración y las pruebas, no un esquema fijo. Los resultados dependen de cada niño y del momento en que se empieza, y todo tratamiento parte de una valoración médica presencial e individualizada.

Por cierto, una duda muy frecuente: el «doble pañal» que a veces se recomienda como medida casera no sustituye a un tratamiento. Puede tener un papel muy concreto y siempre bajo indicación médica, pero no es la solución de una displasia diagnosticada. Ante la sospecha, lo sensato es consultar, no improvisar en casa.

La clave está en revisar a tiempo

La displasia de cadera del bebé asusta por el nombre, pero es una de las situaciones ortopédicas infantiles que mejor responden cuando se detecta pronto. La mayoría de los niños tratados en los primeros meses evolucionan bien y llegan a tener una cadera funcional. Lo verdaderamente importante no es tener miedo al clic, sino no dejar pasar los signos y apoyarse en una valoración especializada.

En el Instituto Ortopédico Madrid valoramos la cadera del bebé con la exploración y las pruebas adecuadas a su edad, te explicamos qué estamos viendo y, si hace falta tratamiento, te acompañamos en cada control. Puedes conocer a nuestro equipo médico y su formación antes de venir.

Si has notado algo en la cadera de tu hijo, si el pediatra te ha comentado que conviene revisarla o si simplemente quieres quedarte tranquilo, pide cita de valoración con nosotros en Madrid y lo miramos con calma.

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